En este artículo
- Empecé siendo reacio al frío
- Cuando vi a Wim Hof por primera vez
- La respiración: donde empezó todo
- La ciencia importa, pero la experiencia también
- Lo que yo he sentido en el cuerpo
- HeartMath, coherencia cardíaca y emociones elevadas
- Respiración, música y estados internos
- Andrew Huberman y la exposición deliberada al frío
- No todo sirve para todo el mundo
- Seguridad: respiración sí, inconsciencia no
- Huesca: no fui al curso, fui a dar las gracias
- Barcelona, Uri y la comunidad del hielo
- Ejercicio breve: volver al cuerpo en tres minutos
- Cierre
Llevo practicando el Método Wim Hof desde el año 2018.
Fíjate si ha llovido ya.
No llegué al método por moda, ni por postureo, ni porque quisiera convertirme en alguien duro. Llegué porque en ciertos momentos de la vida uno necesita herramientas. Herramientas reales. De esas que no se quedan en una frase bonita, sino que atraviesan el cuerpo y te obligan a estar presente.
Hay momentos en los que no puedo pensar más. Hay momentos en los que darle vueltas a todo solo aumenta el ruido. Y hay momentos en los que el cuerpo te pide volver a algo más básico: respirar, sentir, entrar en contacto con la naturaleza, con el agua, con el frío, con la incomodidad y con esa parte de ti que todavía sabe sostenerse.
Para mí, el Método Wim Hof fue una de esas puertas. No la única. Pero sí una puerta importante.
Empecé siendo reacio al frío
Esto quiero contarlo desde el principio, porque no empecé desde la épica. Empecé desde la resistencia.
Yo era reacio al frío.
Soy submarinista. Me gusta el submarinismo. En una visita al otorrino me detectaron una exostosis en el oído, algo que puede aparecer por exposición repetida al agua fría. Llegué incluso a hacerme unos tapones ortopédicos para bucear. Actualmente ni los uso, pero la exostosis sigue ahí. No sé si aumenta, disminuye o permanece igual. Tampoco parece algo especialmente grave en mi caso, pero forma parte de mi historia con el agua fría.
Así que para mí meterme en agua fría no era algo natural. No era: "qué valiente soy". Era vencer una resistencia. Era mirar al frío de frente y decir: vamos poco a poco.
Y así empecé: con duchas frías. Primero unos segundos. Luego un poco más. Después llegaron los ríos, incluso en pleno invierno. Y ahí ocurrió algo que no esperaba: empecé a sentir amor por el agua.
No un amor poético de postal. Un amor físico.
El agua fría tiene algo que no negocia contigo. No le importan tu discurso, tu personaje ni tu historia. Entras y el cuerpo responde. La respiración cambia. La mente protesta. La piel se enciende. Y entonces aparece una posibilidad: salir corriendo o quedarte respirando.
Ahí empezó parte de mi aprendizaje.
Cuando vi a Wim Hof por primera vez
Conocí el Método Wim Hof en 2018. Recuerdo que empecé a practicar las respiraciones cuando no existía toda la cantidad de contenido guiado que hay ahora. Veía uno de aquellos vídeos en los que Wim explicaba la respiración en inglés, con subtítulos. Lo escuchaba, lo repetía, lo probaba.
Después vi el documental de VICE sobre Wim Hof y me quedé impresionado. Me hice seguidor casi fanático de él en aquel momento, porque sentí que aquel gran loco estaba diciendo una gran verdad. Una verdad simple: respira. Entra en contacto con el frío. Recuerda que la naturaleza no es algo exterior a ti.
Me impactó porque, en apariencia, no estaba enseñando algo tan lejano. Muchas prácticas respiratorias tienen raíces antiguas o puntos de contacto con tradiciones como el yoga o técnicas de calor interno como el g-Tummo tibetano. La propia literatura científica sobre g-Tummo describe componentes respiratorios y meditativos capaces de influir en la temperatura corporal. Pero Wim Hof hizo algo distinto: lo bajó a tierra, lo hizo práctico y lo puso delante de la ciencia.
Lo convirtió en un método que miles de personas podían probar en su casa, con una esterilla, una ducha fría y un compromiso.
La respiración: donde empezó todo
Para mí, las respiraciones fueron lo primero. Y siguen siendo una de las prácticas más poderosas que he incorporado.
A 15 de junio de 2026, mientras escribo este artículo, sigo usando la aplicación del Método Wim Hof. En algunas sesiones puedo llegar a hacer muchas rondas. No lo digo por presumir ni porque hacer más sea mejor. Lo digo porque después de años el cuerpo va desarrollando niveles. Va aprendiendo. Va entendiendo la práctica.
He visto en comunidades del Método Wim Hof a personas hablar de retenciones muy largas. Recuerdo incluso comentarios de gente con experiencia militar o deportiva mencionando apneas de varios minutos. Son cosas que impresionan. Pero para mí esto no va de récords. No va de competir. No va de aguantar más que nadie. Va de entrar más profundo y de conocerse mejor.
La respiración del Método Wim Hof consiste, de forma sencilla, en rondas de respiraciones profundas, normalmente unas 30 o 40, seguidas de una retención después de soltar el aire. El propio método la presenta como una práctica que debe hacerse sentado o tumbado, en un espacio seguro, porque puede producir mareo y, en casos raros, pérdida de conciencia.
Yo lo he vivido muchas veces como una hiperoxigenación. Pero técnicamente la explicación es más fina: al respirar de esa forma se modifica temporalmente el CO2, baja el pH, aparece una alcalosis respiratoria transitoria y durante la retención pueden darse fases de hipoxia. La sensación subjetiva es intensa: respiras, respiras, sueltas el aire, entras en la retención, y algo empieza a ocurrir dentro.
La mente cambia de estado. La percepción se abre. El cuerpo se convierte en maestro. Y tú te dejas ir.
La ciencia importa, pero la experiencia también
A mí me interesa la ciencia. No quiero hablar de esto solo desde la emoción, desde la fe en una persona o desde la fascinación por una historia. Una de las cosas que me gustó de Wim Hof es que se sometió al escrutinio científico. No se quedó únicamente en "yo aguanto el frío". Permitió que lo midieran.
El estudio clásico de Kox, Pickkers y colaboradores, publicado en PNAS en 2014, entrenó a voluntarios sanos durante diez días en respiración, exposición al frío y meditación. Después se les administró endotoxina de E. coli en laboratorio. El grupo entrenado mostró mayor epinefrina, aumento de IL-10, menor respuesta de citoquinas proinflamatorias como TNF-alfa, IL-6 e IL-8, y menos síntomas gripales que el grupo control.
Esto no significa que el método cure enfermedades. No significa que puedas exponerte a cualquier cosa y estar protegido. No significa que haya que venderlo como milagro. Significa que hay algo ahí que merece atención.
La revisión sistemática publicada en PLOS ONE en 2024 encontró nueve publicaciones correspondientes a ocho ensayos. Sus resultados apuntan a efectos prometedores sobre estrés y respuesta inflamatoria, especialmente por aumento de epinefrina, aumento de interleucina-10 y reducción de algunas citoquinas proinflamatorias. Pero también señala limitaciones importantes: pocos estudios, muestras pequeñas y necesidad de investigación de mayor calidad.
Eso para mí es criterio. Ni vender humo. Ni negar lo que hay. Ni convertir una herramienta en una religión. Ni vivir con miedo a practicar algo que, usado con respeto, puede ayudar a muchas personas a volver a su cuerpo.
Lo que yo he sentido en el cuerpo
Yo he sentido cómo estas respiraciones cambian mi estado. He sentido vibraciones. He sentido calor. He sentido electricidad. He sentido la sangre. He sentido cómo, después de varias rondas, algo interno se recoloca.
A veces el sistema nervioso baja. A veces se abre una claridad diferente. A veces aparece emoción. A veces aparece gratitud. A veces simplemente aparece silencio, que ya es bastante en un mundo que parece tener notificaciones hasta en el alma.
Y esto para mí es lo más importante: no respiro solo para "hacer una técnica". Respiro para entrar en mi cuerpo. Respiro para sentir. Respiro para volver.
Porque una cosa es saber algo con la cabeza y otra muy distinta es experimentarlo desde la fisiología. Cuando entras en el cuerpo, muchas veces descubres que el cuerpo tiene recursos que la mente había olvidado.
HeartMath, coherencia cardíaca y emociones elevadas
En mi camino también apareció HeartMath. No lo cuento como una titulación ni como una etiqueta profesional. Lo cuento como parte de mi investigación personal.
Yo ya venía practicando respiración de coherencia cardíaca inspirada en el Instituto HeartMath. Y esto es muy distinto al Método Wim Hof. La coherencia cardíaca es más suave, más reguladora, más centrada en el corazón, en la variabilidad cardíaca y en evocar emociones como gratitud, aprecio, calma o compasión. HeartMath describe la coherencia como un estado en el que los distintos sistemas del cuerpo, incluidos respiración, ritmos cardíacos y actividad cerebral, tienden a sincronizarse de forma más ordenada.
Ahí empecé a unir mundos.
Por un lado, la intensidad de las respiraciones Wim Hof. Por otro, la evocación emocional de HeartMath. Y por otro, la música.
Mi padre, que en paz descanse, decía que la música exalta el alma. Y tenía razón. Hay canciones que te llevan para dentro. Al principio quizá escuchas música; pero luego ya no estás escuchando música: estás entrando en tu fisiología. Estás respirando profundo. Estás evocando gratitud. Estás dejando que el cuerpo responda.
A mí, respirando así, me han llegado lágrimas. Lágrimas de alegría, de felicidad, de gratitud. No lágrimas de tristeza. Lágrimas de esas que no vienen de pensar algo, sino de sentirlo entero.
Y ahí entiendes que muchas veces el cuerpo es capaz de llevarte a estados de conciencia distintos. No hace falta forzar una teoría. No hace falta ponerle una etiqueta espiritual a todo. Pero tampoco hace falta negar lo que se vive.
Se vive. Y ya está.
Respiración, música y estados internos
Hay muchas prácticas respiratorias que buscan modificar el estado interno. Una de las que me vino a la mente mientras pensaba en este artículo es la respiración holotrópica de Stanislav Grof. No digo que sea lo mismo que el Método Wim Hof, porque no lo es. La respiración holotrópica suele hacerse durante más tiempo, con música evocativa, acompañamiento y en un marco más terapéutico o transpersonal.
No estoy hablando de hacer regresiones ni de copiar ese método. Solo digo que hay un hilo común: la respiración, cuando se practica con profundidad, música, atención y seguridad, puede abrir estados internos potentes.
Y cada persona tiene que ir encontrando su camino. Paso a paso. Despacio. Sin fliparse. Sin competir. Sin convertir la práctica en otra forma de ego.
Porque en esto, como en todo, cada uno termina siendo su propio maestro.
Andrew Huberman, ciencia y exposición al frío
Gracias a seguir The School of Greatness, de Lewis Howes, conocí a muchas personas y enfoques que quizá no hubiera descubierto de otra manera. Entre ellos, Andrew Huberman.
Huberman me ayudó a mirar ciertas prácticas desde una perspectiva más científica. Ha hablado mucho de exposición deliberada al frío, dopamina, epinefrina, foco, resiliencia y sistema nervioso. En sus guías insiste en algo que me parece clave: nunca hacer hiperventilación deliberada antes o durante la inmersión en agua fría, empezar despacio y priorizar la seguridad.
Esto importa porque vivimos en un momento donde se mezclan muchas cosas: ciencia, experiencia, comunidad, exageración, marketing, transformación real y, a veces, mucho ruido.
Por eso vuelvo siempre a la misma palabra: criterio.
No todo sirve para todo el mundo
Yo recomiendo las respiraciones a quien pueda hacerlas, le resuenen y las practique con seguridad. Pero también digo algo muy claro: no todo lo que le sirve a uno le sirve a todo el mundo.
Hay personas a las que estas prácticas pueden irles bien con mucho más cuidado. Hay personas que disfrutan del picante. Otras tienen una úlcera y no deberían tocarlo. Otras toman café y les ayuda. Otras se aceleran y se destrozan el sistema nervioso.
Con las respiraciones y el frío pasa igual.
Vivimos en una sociedad curiosa. Vas a un bar y nadie te pone una letra pequeña para tomarte un tequila. Luego otro. Luego otro. Nadie aparece a explicarte cómo va a estar tu sistema nervioso autónomo al día siguiente. Nadie te hace firmar un consentimiento informado por una resaca, por exceso de café, por pasarte con el azúcar, por vivir acelerado o por dormir mal durante años.
Pero cuando hablas de respiración o de frío, aparece enseguida el miedo.
Yo no digo que haya que hacerlo todo sin cuidado. Digo justo lo contrario. Hay que aprender a medir. La vida está para vivirla, pero también para practicarla. Está bien explorar. Está bien practicar. Pero también está bien saber cuándo parar, cuándo profundizar, cuándo descansar y cuándo no toca hacer nada.
Una herramienta puede ayudarte. Pero si la usas sin criterio, también puede desordenarte.
Seguridad: respiración sí, inconsciencia no
Esto hay que decirlo claro.
Las respiraciones intensas del Método Wim Hof nunca deben hacerse dentro del agua, cerca del agua, conduciendo, de pie, en la ducha ni en ningún lugar donde un mareo o una pérdida de conciencia pueda ser peligroso. Se hacen sentado o tumbado, en un lugar seguro.
La propia web oficial del Método Wim Hof advierte que la respiración intensa, especialmente durante varias rondas, puede provocar pérdida de conciencia en casos raros y que por eso debe practicarse sentado o tumbado, nunca en situaciones donde desmayarse pueda causar daño.
Y con el frío, lo mismo. El frío no se conquista. Se respeta.
La American Heart Association advierte que la inmersión en agua fría puede provocar una respuesta de shock: respiración rápida, aumento de frecuencia cardíaca y aumento de presión arterial. Esto puede ser especialmente importante en personas con problemas cardiovasculares o sin adaptación previa.
No recomiendo hacer el bruto. No recomiendo competir. No recomiendo copiar lo que hace otro. Recomiendo practicar con respeto, poco a poco, cada uno desde su cuerpo y desde su momento.
Huesca: no fui al curso, fui a dar las gracias
En junio de 2022 supe que Wim Hof estaba en Huesca.
No hice el curso. Primero, porque era en inglés y yo no hablo inglés con soltura. Segundo, porque tampoco quedaban plazas igualmente.
Fui con Sandrita. Antes de que llegara la gente ya estábamos por Huesca. Me estuve bañando en ríos, haciendo respiraciones, entrando en el entorno. Tengo una foto en el campamento base, bajo el cartel de Wim Hof Method Base Camp, en Morillo de Tou.
Esa foto para mí no es decorativa. Es una señal en el camino.
Me estuve a punto de hacerme monitor del Método Wim Hof. Lo pensé. Me llamó. Pero no lo hice. Y aun así, después de tantos años de práctica, siento que me he hecho experto en mi propio cuerpo. No instructor oficial. No representante del método. No alguien que habla desde una certificación. Sino alguien que ha practicado desde 2018, prácticamente a diario durante largas etapas, con pausas, regresos, constancia y experiencia propia.
Y por eso fui a Huesca. No fui a buscar una foto. Fui a dar las gracias.
Pude saludar personalmente a Wim Hof. Pude mirarle y agradecerle lo que sus respiraciones, el frío y el agua habían movido en mi vida.
Para algunas personas será una foto más. Para mí fue cerrar un círculo.
Barcelona, Uri y la comunidad del hielo
En este camino también hubo otros encuentros que me ayudaron a comprender que el frío y la respiración no son solo una práctica individual. También pueden convertirse en comunidad.
Uno de esos encuentros fue con Uri Imperial, en un festival donde fui con Sandrita. Allí pude conocerle cuando ya formaba parte visible de la comunidad del hielo y del mundo del Método Wim Hof en Barcelona. Para mí fue bonito poner cara y cuerpo a algo que no se queda solo en teoría: la respiración, las bañeras de hielo, la gente reuniéndose para sentir, entrenar presencia y compartir una experiencia.
A día de hoy quiero contarlo con precisión. La página oficial de actividades del Método Wim Hof muestra actualmente a Uri Imperial como no certificado por la organización. Por eso lo nombro aquí no como instructor oficial vigente ni como representante actual del método. Lo nombro como parte de mi historia personal, como alguien a quien conocí en aquel contexto y con quien sigo conectado desde el respeto por la respiración, el frío y la búsqueda interior.
También he podido ver cómo mi camino ha ido evolucionando hacia el breathwork, la música y una forma más suave de acompañar procesos. Me parece interesante porque conecta con algo que yo también siento: la respiración no pertenece a una sola escuela. El Método Wim Hof fue una puerta enorme para mí, pero no es la única respiración posible. Existen muchas formas de respirar, muchas formas de entrar al cuerpo, muchas formas de escuchar lo que somos.
Hace poco volví a hablar con Uri por WhatsApp y por teléfono. Me confirmó que actualmente ya no aparece como instructor certificado en la web oficial del Método Wim Hof y que ha dejado el testigo en manos de personas de confianza para que el trabajo siga vivo. Fue una conversación privada, cercana, de esas en las que no hace falta convertirlo todo en contenido. Compartimos lo que sentimos por la respiración, no solo por las respiraciones de Wim Hof, sino por el mundo más amplio del breathwork. Y ahí apareció una posibilidad que me ilusiona: la idea de grabar una conversación para mi canal de YouTube, desde mi marca, desde la que podamos compartir nuestras experiencias personales con la respiración de una manera cercana, humana y útil para quien llegue a ese vídeo.
No sé todavía cómo ni cuándo se formalizará, pero sí sé algo algo claro: quiero que la respiración tenga mucho espacio en mi web, en mis vídeos y en mi manera de comunicar.
Comunidad: respirar juntos también tiene sentido
Hay algo que también me gusta de todo esto: la comunidad.
He visto cómo el Método Wim Hof ha reunido a miles de personas: en Holanda, en estadios, en eventos, en baños de hielo, en ríos, en grupos. Gente respirando junta.
Y me parece bien.
Si la gente se junta para cantar, para beber, para gritar en un estadio o para celebrar cualquier cosa, ¿por qué no va a poder juntarse también para respirar?
Vivimos en un momento en que muchas personas necesitan volver al cuerpo. Necesitan herramientas. Necesitan naturaleza. Necesitan silencio. Necesitan sentir que pueden hacer algo con su estado interno.
Respirar es una puerta muy directa. No la única. Pero sí una muy poderosa.
Lo que he aprendido de las herramientas
En mi camino he incorporado muchas herramientas: respiración, frío, meditación, coherencia cardíaca, música, hábitos, lecturas, coaching, espiritualidad práctica y acción.
Pero también he aprendido que no hay que agobiarse con las herramientas.
No se trata de vivir haciendo prácticas todo el día. No se trata de que cada emoción tenga que ser corregida inmediatamente. No se trata de ponerse rápido una técnica y ponerse encima para taparlo.
A veces toca respirar. A veces toca entrar al frío. A veces toca caminar. A veces toca hablar. A veces toca llorar. A veces toca quedarse quieto y sentir lo que se siente.
Porque también puede pasar que uses una herramienta como parche. Y entonces ya no estás sintiendo: estás huyendo.
Yo puedo probar una cosa. Puedo probar otra. Puedo respirar para cambiar mi estado. O puedo quedarme con mi malestar y observar cómo se siente en el cuerpo de manera natural.
Todo se trata de sentir. Y cada uno tiene que elegir su sentir.
Prefiero este hábito
Después de todos estos años, hay algo que tengo claro.
Yo prefiero el hábito de respirar al hábito de quedarme atrapado en sentirme mal.
Prefiero tener recursos. Prefiero saber que puedo levantarme y hacer una ronda. O ducharme con agua fría. O irme al río. O poner música. O evocar gratitud. O simplemente sentarme y respirar.
Eso no significa que ya no me sienta mal. Claro que me siento mal a veces. Como todo el mundo. Pero ahora tengo más caminos para volver.
Y para mí de eso trata la transformación real. No de no caer nunca. No de estar siempre bien. No de vivir en una fantasía espiritual. Sino de tener más conciencia, más herramientas y más criterio para responder a la vida.
De la crisis al criterio. De la reacción a la práctica. Del ruido al cuerpo. Del cuerpo a la decisión. Y de la decisión a la vida.
El frío no me hizo más duro
Si tuviera que resumir estos años con el Método Wim Hof, no diría que el frío me hizo más duro.
Diría que me hizo más honesto.
El frío no te deja mentir mucho. Entras y el cuerpo habla. La respiración se mueve. La mente se queja. El agua espera. Y tú tienes que estar ahí.
No desde la fuerza bruta. Desde la presencia. Desde la escucha. Desde el respeto.
Para mí, el frío, el agua y la respiración han sido maestros. No porque me hayan dado todas las respuestas, sino porque me han ayudado a volver a preguntas esenciales:
- ¿Estoy respirando?
- ¿Estoy presente?
- ¿Estoy escuchando mi cuerpo?
- ¿Estoy huyendo o estoy sintiendo?
- ¿Estoy actuando desde criterio o desde supervivencia?
Ahí está el camino.
Ejercicio breve: volver al cuerpo en tres minutos
Este ejercicio no es el Método Wim Hof completo. No incluye hiperventilación ni retenciones largas. Es una práctica sencilla para volver al cuerpo sin saturar al lector.
- Siéntate o túmbate en un lugar seguro. No lo hagas en el agua, en la ducha, conduciendo ni de pie.
- Lleva una mano al pecho o al abdomen y nota el contacto. No busques una experiencia especial. Solo siente.
- Respira por la nariz durante tres minutos. Inhala de forma cómoda durante cuatro segundos y exhala entre cuatro y seis segundos. Sin forzar.
- Nombra en silencio tres sensaciones físicas: calor, presión, hormigueo, peso, respiración, latido, temperatura.
- Termina con una frase sencilla: "Estoy aquí. Puedo volver. Hoy elijo un paso pequeño."
El objetivo no es alcanzar un estado extraordinario. El objetivo es regresar. A veces, tres minutos de presencia valen más que veinte ideas dando vueltas en la cabeza.
Cierre
Llevo desde 2018 practicando el Método Wim Hof. Con etapas de mucha constancia. Con pausas. Con regresos. Con ríos. Con duchas frías. Con respiraciones profundas. Con lágrimas de gratitud. Con música. Con ciencia. Con dudas. Con respeto. Con agua. Y con vida.
No escribo esto para convencer a nadie.
Lo escribo porque a mí me ha servido. Porque en momentos difíciles me ayudó a volver al cuerpo. Porque me enseñó que hay hábitos que ordenan por dentro. Porque me recordó que la naturaleza sigue ahí, esperando, sin discursos.
Y porque, a veces, una respiración puede ser el primer acto de regreso a uno mismo.
Nota de seguridad
Este artículo es un testimonio personal. No soy médico ni instructor oficial del Método Wim Hof. Las respiraciones intensas deben practicarse sentado o tumbado, nunca dentro del agua, cerca del agua, en la ducha, conduciendo ni de pie, en ningún lugar donde un mareo o pérdida de conciencia pueda ser peligroso.
La exposición al frío debe hacerse de forma progresiva y responsable, especialmente si existen antecedentes cardíacos, problemas respiratorios, presión arterial alta, epilepsia, embarazo, migrañas intensas, problemas vasculares u otras condiciones médicas. Ante cualquier duda, consulta con un profesional sanitario.
Fuentes para enlazar
- Wim Hof Method. Breathing Exercises — advertencias de práctica segura y descripción básica de la técnica. wimhofmethod.com/breathing-exercises
- Wim Hof Method. Shallow Water Blackout — advertencia sobre no practicar respiración en o cerca del agua. wimhofmethod.com/what-is-shallow-water-blackout
- Kox, M. et al. (2014). Voluntary activation of the sympathetic nervous system and attenuation of the innate immune response in humans. PNAS. pnas.org/doi/10.1073/pnas.1322174111
- Almahayni, O. & Hammond, L. (2024). Does the Wim Hof Method have a beneficial impact on physiological and psychological outcomes? A systematic review. PLOS ONE. journals.plos.org — PLOS ONE
- Huberman Lab. The Science and Use of Cold Exposure for Health and Performance — seguridad y exposición deliberada al frío. hubermanlab.com — Cold Exposure