La música no entra por los oídos: entra por la biografía

Antes de hablar de una foto, de un camerino, de una gira o de un artista, quiero hablar de algo más antiguo que todo eso: la música. Hay canciones que no se limitan a sonar. Cambian la respiración. Te colocan delante de una parte de ti que estaba esperando turno. Una guitarra, una voz, un silencio antes del estribillo, una frase que cae en el momento exacto, y de pronto el cuerpo sabe algo que la mente llevaba años aplazando.

La música tiene esa forma discreta de trabajar. No pide permiso. No necesita que tengamos todo claro. No exige un discurso perfecto. A veces basta una canción para que una persona vuelva a sentir. Y eso, en una época en la que tanta gente vive saturada, distraída, defendida o anestesiada, ya es mucho.

Por eso este no es un artículo solamente sobre Fito. Es un artículo sobre la música como herramienta de conciencia. Sobre lo que una canción puede despertar en una persona. Sobre el modo en que una letra puede tocar una herida, una alegría, un recuerdo, una raíz familiar, una decisión pendiente o una versión futura de nosotros mismos.

Y si hablo de Fito Cabrales es porque, en mi vida, su música no ha sido decoración. Ha sido compañía. Ha sido espejo. Ha sido carretera. Ha sido emoción en el coche, voz rota en un concierto, memoria familiar, gratitud y también trabajo interior. Porque hay músicas que entretienen. Y hay músicas que te preguntan quién eres.


La canción que te cambia el clima interior

Todos lo hemos vivido alguna vez. Entras en el coche con un estado de ánimo y sales con otro. Pones una canción en casa y el cuerpo empieza a moverse antes de que hayas decidido bailar. Escuchas una melodía que no oías desde hace años y regresa una persona, un verano, una pérdida, una ciudad, una edad de tu vida o un olor que creías olvidado.

La música tiene una relación íntima con la memoria. No guarda los recuerdos de forma ordenada, como si fueran carpetas en una estantería. Los devuelve con temperatura, con piel, con pulso. Una canción no solo te recuerda lo que pasó; te recuerda cómo eras cuando pasó.

Por eso, cuando trabajo el crecimiento personal, no puedo separar la música de la vida emocional. El desarrollo personal no consiste solamente en marcar objetivos, repetir frases motivadoras o aprender técnicas. También consiste en saber reconocer qué estado interno estamos habitando. Consiste en saber volver al cuerpo. Consiste en escuchar qué emoción nos está llamando y qué hacemos con ella.

Hay personas que necesitan silencio. Otras necesitan movimiento. Otras necesitan escribir. Otras necesitan llorar. Y muchas veces, una canción puede abrir la puerta para que todo eso ocurra.

Mi padre, en paz descanse, decía una frase que se me quedó grabada: «la música exalta el alma». Con los años he comprendido que tenía razón. Pero hoy añadiría algo más: la música no solo exalta el alma. También la ordena, la desnuda, la despierta y, si uno la escucha con honestidad, la educa. No siempre para llevarnos a la euforia. A veces una canción nos educa permitiéndonos estar tristes sin hundirnos. O alegres sin escapar de nada. O agradecidos sin tener que explicarlo. La música nos recuerda que las emociones no son enemigas. Son visitantes. Son estaciones. Son movimiento.


Fito, las vías y una frase que entró en mi árbol familiar

En mi caso, una de esas canciones tiene un lugar especial: Cerca de las vías, de Fito & Fitipaldis. No necesito reproducir aquí toda la letra para explicar lo que me ocurre. Por respeto editorial y legal, prefiero quedarme solo con la imagen central: Fito canta desde ese lugar de quien ha crecido «cerca de las vías» y entiende que dos emociones aparentemente opuestas pueden compartir el mismo tren.

Para muchas personas esa imagen ya es poderosa. Para mí tiene una capa más honda.

Mis abuelos vascos eran ferroviarios. Mi abuela era de Gernika. Mi abuelo también trabajó para Renfe. Salieron del País Vasco, estuvieron en Girona y recorrieron España ligados a las vías, al tren, al movimiento, a los destinos, a los traslados y a esa forma de vida en la que el mapa de una familia se dibuja con estaciones.

Por eso, cuando escucho esa canción, no escucho solamente una metáfora. Escucho mi historia. Escucho el trabajo de mis abuelos. Escucho el hierro de las vías, los horarios, las despedidas, las mudanzas, el país que se atraviesa, la familia que se desplaza, el pasado que no se queda quieto.

Hay frases que uno escucha. Y hay frases que uno hereda. Esa es una de las razones por las que siento esa canción como mía. No mía en propiedad, porque las canciones son de quien las escribe y después de todos los que las reciben. Mía en resonancia. Mía porque toca una raíz.

Cuando Fito habla de trenes, yo no veo solo trenes: veo a mis abuelos. Y cuando una canción consigue eso, deja de ser una canción. Se convierte en una llave.


Gernika, el diario de mi abuela y las huellas que seguimos llevando

Mi abuela de Gernika vivió el bombardeo. En casa existe un diario suyo. Un diario donde escribió mientras corría bajo las bombas. Esas cosas, cuando uno las escucha de pequeño o las descubre ya de adulto, no se colocan fácilmente en la mente. No son un dato histórico. Son una herencia emocional.

El bombardeo de Gernika tuvo lugar el 26 de abril de 1937 y forma parte de una memoria histórica que todavía pesa en muchas familias vascas. El Museo de la Paz de Gernika conserva y explica ese episodio como parte de una experiencia colectiva de violencia, miedo, destrucción y memoria. [6]

Pero una cosa es leerlo en una fuente histórica y otra muy distinta es saber que tu abuela escribió mientras huía de las bombas. Eso cambia la forma de entender la palabra raíz.

A veces creemos que nuestra vida empieza con nosotros. No es verdad. Nosotros aparecemos en medio de una historia que ya venía caminando. Somos hijos de decisiones, migraciones, duelos, silencios, trabajos, guerras, amores, enfermedades superadas, miedos que se callaron, oportunidades que se perdieron y otras que alguien aprovechó para que nosotros pudiéramos estar aquí.

No lo digo desde el fatalismo. No somos prisioneros del pasado. Pero tampoco somos personas sin huellas. Nuestra biografía no empieza en la primera foto que recordamos. Empieza mucho antes, en cuerpos que resistieron, en familias que se movieron, en abuelos que trabajaron, en madres que guardaron diarios, en padres que dejaron frases.

Por eso algún día me gustaría escanear o copiar una parte de ese diario, con permiso de mi madre, y quizás tener la oportunidad de volver a ver a Fito para contarle bien esa historia. Aquel día en el camerino me quedé a medias. Le hablé de mi abuela, de Gernika, de las bombas, de esa memoria que para mí está unida a la música y a las vías. Pero hay historias que necesitan más tiempo que una foto. Tal vez algún día pueda terminar de contársela. Y tal vez ese sea también el sentido de escribir este artículo: ordenar lo que aquel día no pude decir entero.


La foto vino después: mayo de 2022

Aitor Bidásolo junto a Fito Cabrales en un encuentro personal durante la gira de Madrid de 2022.
15 de mayo de 2022. Encuentro personal con Fito Cabrales, una imagen que guarda música, memoria y gratitud. Foto de archivo personal de Aitor Bidásolo.

La fotografía que acompaña este artículo pertenece al 15 de mayo de 2022. Aparezco abrazado a Fito Cabrales. No la comparto para presumir de cercanía con un artista. La comparto porque para mí esa imagen guarda muchas capas.

En aquellos días, Fito & Fitipaldis pasaba por Madrid con la gira Cada Vez Cadáver. La prensa recogió aquellos conciertos en el WiZink Center como noches de entradas agotadas y miles de personas cantando durante más de dos horas. [4]

Pero yo no recuerdo aquel momento como una cifra. Lo recuerdo como una puerta. Entrar en los camerinos y encontrarme con Fito fue volver, de golpe, a muchos lugares de mi vida. A la radio. A los años noventa. A Platero y Tú. Al Aitor joven que escuchaba rock con otra intensidad, que vivía de otra manera, que salía por la noche, que buscaba sin saber todavía que estaba buscando.

A Fito ya lo había conocido muchos años antes, en otra etapa. En 1996 trabajé en la radio, en Disco Cross, un programa de rock asociado a la memoria de Mariano García y a una época muy concreta de la radio musical española. Disco Cross fue uno de esos espacios que ayudaron a muchos jóvenes a descubrir el rock y el heavy en España. [5] En aquellos años, Platero y Tú estaba muy presente. Recuerdo la sala Canciller. Recuerdo conciertos para periodistas. Recuerdo el disco 7. Recuerdo aquella sensación de estar cerca de una música que formaba parte de una identidad.

Cuando vi a Fito en 2022, no vi solo al artista consagrado. Vi también una continuidad. Vi al músico que venía de Platero y Tú y que después se atrevió a abrir otra puerta con Fito & Fitipaldis. Vi a alguien que había evolucionado sin negar su origen. Y eso, para alguien que trabaja con procesos de cambio, tiene un valor enorme.


Fito no es una biografía para mí: es un espejo de reinvención

La web oficial de Fito & Fitipaldis cuenta que Adolfo Cabrales, Fito, nació en 1966 en el barrio bilbaíno de Zabala, que en 1989 surgió Platero y Tú, y que en 1998 creó Fito & Fitipaldis como un proyecto paralelo que le permitió explorar sonidos más íntimos, acústicos y abiertos a otros géneros. [1]

Ese dato, contado así, parece una cronología musical. Para mí es algo más. Es la historia de alguien que no se quedó atrapado en el personaje que ya funcionaba. Y eso no es fácil. Cuando algo te da identidad, público, reconocimiento o pertenencia, cambiar da miedo. Uno puede quedarse ahí para siempre, repitiendo una fórmula, aunque por dentro ya necesite otra música.

Fito hizo otra cosa: se permitió crecer. No abandonó su raíz. La amplió. No negó el rock. Lo mezcló con otros colores. No destruyó su pasado. Lo transformó.

Esa es una lección de coaching enorme, aunque no venga envuelta en lenguaje de coaching. A veces una persona no necesita destruir lo que fue. Necesita encontrar una forma más verdadera de expresarlo.

Eso también nos pasa a nosotros. Hay etapas de nuestra vida que funcionaron durante un tiempo, pero después se quedaron pequeñas. Una manera de trabajar. Una relación con la noche. Una forma de celebrar. Una forma de escapar. Una forma de hablar. Una forma de sobrevivir. El problema no es haber sido eso. El problema es seguir interpretando un papel que ya no contiene la vida que estás llamado a vivir.

Por eso cuando escucho la trayectoria de Fito no escucho solo discos. Escucho evolución. Y eso conecta profundamente con mi trabajo: ayudar a las personas a ver, ordenar, decidir y actuar. A pasar de la crisis al criterio. A transformar experiencia vital en conciencia, dirección y acción.


Caerse está permitido, levantarse es obligatorio

Hay una frase que repito porque me parece una verdad sencilla y poderosa: en la vida, caerse está permitido; levantarse es obligatorio. No obligatorio como mandato duro, frío o moralista. Obligatorio porque la vida, si sigues respirando, te vuelve a llamar. Te deja un tiempo en el suelo, si hace falta. Te permite no saber. Te permite estar roto. Te permite sentirte perdido. Pero tarde o temprano te pregunta: ¿y ahora qué vas a hacer con esto?

No siempre sabemos cómo levantarnos. A veces uno se levanta mal. A veces se levanta y se vuelve a caer. A veces cree que ya entendió la lección y la vida le repite el tema en otro tono. A veces necesita ayuda, terapia, amigos, silencio, meditar, dormir mejor, dejar algo, empezar otra cosa, poner límites, pedir perdón o perdonarse.

Levantarse no siempre es épico. Muchas veces levantarse es ducharte. Hacer la cama. Salir a caminar. No escribir ese mensaje. Ir a trabajar. Llamar a alguien. Cerrar una puerta. Pedir una cita. Volver a intentarlo sin convertirte en enemigo de ti mismo.

Fito ha hablado públicamente de etapas difíciles, de desintoxicación y de haber dejado atrás sustancias como drogas, alcohol y tabaco. Varias entrevistas recientes lo han recogido desde esa mirada de salud, ansiedad, descanso y cambio de vida. [9] No traigo esto aquí por morbo. Al contrario. Lo traigo por respeto. Porque cuando alguien que ha llegado tan lejos reconoce que también ha tenido que atravesar zonas oscuras, está enviando un mensaje que mucha gente necesita escuchar: se puede caer y se puede volver. No siempre igual. No siempre rápido. No siempre sin cicatrices. Pero se puede.

La música de Fito no me acompaña porque pinte la vida de rosa. Me acompaña porque tiene polvo de camino. Tiene grieta. Tiene humor. Tiene lucidez. Tiene esa mezcla de pena y gratitud que a veces es la única manera honesta de estar vivo. Y porque, de algún modo, me recuerda que nadie se inventa una vida desde cero. Uno se la inventa con los restos, con los dones, con las heridas, con los errores, con los maestros, con los amigos, con los amores y con las canciones que le ayudan a seguir.


Inventarse una vida: de la copia al criterio

En una de las canciones recientes de Fito & Fitipaldis, Los cuervos se lo pasan bien, aparece una idea que me atraviesa: la necesidad de inventarse una vida para no vivir calcando una ajena. La imagen de «inventarse una vida», llevada al crecimiento personal, es inmensa.

Porque todos copiamos. Copiamos formas de hablar, de amar, de trabajar, de tener éxito, de fracasar, de sufrir, de relacionarnos con el dinero, con el cuerpo, con el descanso, con la culpa, con el deseo. Copiamos de la familia, del barrio, de la cultura, de internet, de los amigos, de los maestros, de los enemigos, de los anuncios, de la época.

Copiar no siempre está mal. Aprender también empieza imitando. El problema llega cuando nunca nos preguntamos si lo que estamos copiando nos pertenece. Por eso el verdadero crecimiento no consiste en no copiar nada. Consiste en copiar con conciencia, probar con criterio y después componer algo propio.

Tomar de un maestro una idea. De otro, una práctica. De otro, una pregunta. De un libro, una herramienta. De una conversación, una frase. De una canción, una emoción. De una crisis, una dirección. De una pérdida, una humildad. De un amor, una apertura. De un error, una frontera. Y con todo eso, construir tu propia receta.

Vivimos en una era en la que tenemos acceso a miles de voces. Eso puede ser una bendición o una intoxicación. Depende de cómo lo usemos. Hay personas que consumen contenido espiritual, coaching, neurociencia, filosofía, finanzas, salud, hábitos y motivación, pero no ordenan nada. Se llenan de frases y se vacían de dirección. La pregunta no es cuántos maestros sigues. La pregunta es qué estás haciendo con lo que aprendes.

La vida propia no aparece por acumulación. Aparece por integración. En ese sentido, inventarte una vida es elegir las notas que van a componer tu canción.

Algunas notas vendrán de tus padres. Otras de tus abuelos. Otras de tus heridas. Otras de tus libros. Otras de tu pareja. Otras de un concierto. Otras de una tarde de silencio. Otras de una decisión que nadie entendió. Y algún día miras atrás y comprendes que no estabas simplemente sobreviviendo. Estabas componiendo.


La música como entrenamiento emocional

A veces hablamos de la música como si fuera un premio: me pongo música cuando termino, cuando descanso, cuando salgo, cuando celebro. Pero la música también puede ser entrenamiento. Entrenamiento de presencia. Entrenamiento de memoria. Entrenamiento de regulación emocional. Entrenamiento de honestidad.

Una canción puede ayudarte a cambiar de estado. Pero también puede ayudarte a ver en qué estado estás. Esa diferencia es muy importante. No se trata de usar la música para huir siempre de la pena. Tampoco de utilizar canciones tristes para quedarte hundido en un lugar que ya no te ayuda. La madurez emocional consiste en saber escuchar qué necesitas en cada momento.

La música puede ser una herramienta consciente si dejas de ponerla en automático. Si observas cómo cambia tu cuerpo. Si detectas qué canciones te expanden y qué canciones te contraen. Si descubres que hay música que ya no pertenece a la persona que estás intentando ser.

Yo he escuchado músicas que hoy ya no escucho igual. No porque niegue su valor, ni porque desprecie la trayectoria de nadie. Simplemente porque he cambiado. Hay canciones que pertenecieron a una etapa, y está bien dejarlas allí. Agradecerlas y seguir.

La música de Fito me ha acompañado para bien. Me ha permitido cantar, gritar, llorar, bailar, saltar, recordar, agradecer. Y algo que antes asociaba muchas veces a la noche o al alcohol, hoy puedo vivirlo con mucha más libertad. En 2026, mi esposa y yo hemos seguido de cerca la gira Aullidos Tour. Estuvimos en Albacete, en Cádiz y después en Madrid gracias a unos amigos que nos regalaron unas entradas cuando ya parecía imposible. [3]

En el concierto de Madrid no bebí ni una gota. Y disfruté igual o más. Eso también es evolución: descubrir que puedes sentir intensidad sin destruirte. Que puedes celebrar sin anestesiarte. Que puedes cantar con todo el cuerpo y seguir presente. El equilibrio no siempre se encuentra leyendo sobre equilibrio. A veces se encuentra probándote en la vida.


Lo que dice la ciencia: cerebro, estrés y epigenética, sin convertirlo en magia barata

Cuando digo que la música nos cambia, no lo digo solamente de forma poética. La ciencia lleva años estudiando sus efectos en el cerebro, el cuerpo y la salud.

La Organización Mundial de la Salud publicó una revisión de alcance sobre artes, salud y bienestar que sintetiza evidencia de más de 3.000 estudios y reconoce el papel de las artes en la prevención, la promoción de salud y el manejo de distintas condiciones a lo largo de la vida. [10]

La musicoterapia, por su parte, no es simplemente poner canciones bonitas. La American Music Therapy Association la define como el uso clínico y basado en evidencia de intervenciones musicales para alcanzar objetivos individualizados dentro de una relación terapéutica con un profesional cualificado. [11]

También sabemos que la música placentera puede activar circuitos de recompensa. Un estudio publicado en Nature Neuroscience mostró que experiencias musicales intensamente placenteras pueden asociarse con liberación de dopamina en el sistema estriatal. [12] Y en relación con el estrés, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Health Psychology Review encontró que la musicoterapia tenía efectos significativos en resultados relacionados con el estrés. [13]

Nota importante: Esto no significa que una canción sustituya a una terapia, a un médico o a un tratamiento. Sería irresponsable decirlo. Significa algo más sensato: el entorno sonoro influye en nuestro estado interno, y eso merece atención consciente.

Y aquí aparece una palabra que cada vez escuchamos más: epigenética. La genética tiene que ver con la información heredada en nuestro ADN. La epigenética estudia mecanismos que regulan la expresión de los genes sin cambiar la secuencia del ADN. Dicho de una forma sencilla: no todo lo que heredamos tiene por qué expresarse igual siempre. El ambiente, el estrés, los hábitos, el descanso, la alimentación, las relaciones y otros factores de estilo de vida pueden influir en mecanismos epigenéticos. [15]

También se han estudiado asociaciones entre experiencias estresantes y modificaciones epigenéticas en genes relacionados con la respuesta al estrés. [16] Por eso me interesa tanto esta idea: no somos una sentencia biológica. Somos una conversación entre herencia, ambiente, decisiones, cuerpo, mente y conciencia.

Algunos estudios han explorado incluso cómo la escucha musical puede relacionarse con cambios en la expresión genética o en microARN en humanos. Son líneas de investigación complejas y no conviene exagerarlas. Pero sí abren una puerta sugerente: la música no solo tiene efecto psicológico subjetivo; también puede formar parte de procesos biológicos medibles. [17]

Cuando sigo a divulgadores como Joe Dispenza o Bruce Lipton, o cuando leo y escucho a maestros de conciencia, intento quedarme con una idea de fondo y aterrizarla con prudencia: el estado interno importa. La emoción importa. La práctica importa. El cuerpo escucha más de lo que creemos. Y si el cuerpo escucha, conviene preguntarse qué le estamos poniendo cada día. ¿Ruido? ¿Miedo? ¿Comparación? ¿Canciones que nos hunden? ¿O música que nos eleva y palabras que nos ordenan?

No se trata de vivir en una burbuja ingenua. Se trata de cuidar el ecosistema interior. Porque una vida también se construye por repetición. Repetimos pensamientos, ambientes, conversaciones, alimentos, horarios, canciones. Y tarde o temprano, esas repeticiones se convierten en clima.


El entorno no es decoración: también educa tu estado

Hay algo que he aprendido con los años: no basta con tener buenas intenciones. Hay que crear entornos que las sostengan. No es lo mismo intentar descansar en una habitación desordenada que en una habitación limpia, con la cama bien hecha y una sensación de calma. No es lo mismo escribir con el móvil disparando notificaciones que escribir con una taza de té, una música tranquila y un espacio preparado. No es lo mismo hablar con tu pareja desde el agotamiento y el ruido que desde un momento cuidado, con presencia.

En mi libro Reprograma-Té propongo precisamente rituales de pausa, claridad y presencia: té, música, journaling, preguntas. No porque el té sea magia. No porque una libreta resuelva la vida. Sino porque el ritual crea un marco. Y el marco ayuda a entrar en otra conversación contigo mismo. En Evoluciona en la Vida trabajo también esa idea de convertir la claridad en práctica, con ejercicios, presencia, resiliencia, gestión emocional y acción diaria.

La música puede formar parte de ese entorno. Pero no siempre. A veces necesitas a Fito en el coche y cantar como si se abriera el pecho. A veces necesitas ópera o música clásica en un momento íntimo. A veces necesitas una melodía suave para escribir. A veces necesitas pájaros. A veces necesitas silencio.

El silencio también es música cuando uno deja de tenerle miedo. Y esto es importante: no hagamos de la música otra forma de taparnos. La pregunta no es solamente qué música escuchas. La pregunta es para qué la escuchas.


Cuatro ejercicios prácticos

Ejercicio 1 — Tu canción maestra

Elige una canción que te toque de verdad. No la que debería gustarte. No la que queda bien. Una canción que te mueva algo. Puede ser de Fito. Puede ser clásica. Puede ser de tu adolescencia. Puede ser instrumental. Puede ser una canción que no entiendes del todo pero que tu cuerpo entiende perfectamente.

1

Pon la canción una vez sin hacer nada más.

2

Observa qué parte del cuerpo responde.

3

Escribe la emoción dominante: alegría, pena, nostalgia, rabia, gratitud, ternura, deseo, calma, fuerza.

4

Pregúntate: ¿esta canción me expande o me contrae? ¿Me ayuda a sentir o me ayuda a escapar?

5

Escribe cinco minutos sin corregir. Al terminar, permanece un minuto en silencio.

El ejercicio no termina cuando acaba la canción. Termina cuando puedes mirarte con un poco más de honestidad.

Ejercicio 2 — El tren de tus emociones

Este ejercicio nace de la imagen ferroviaria que tanto me significa. Dibuja una vía de tren en una hoja —no hace falta dibujar bien; solo una línea, unas traviesas, un camino— y coloca estaciones con nombres de emociones que hayas visitado últimamente.

¿En qué estación estás hoy?

¿En cuál llevas demasiado tiempo?

¿A cuál vuelves siempre aunque digas que ya no quieres volver?

¿Qué estación necesitas visitar sin juzgarte?

¿Qué estación ya no quieres convertir en residencia?

Este ejercicio no busca controlar las emociones. Busca conocerlas. Lo que no conocemos nos dirige desde la sombra. Una vida consciente no es una vida sin emociones difíciles: es una vida donde aprendemos a viajar con ellas sin entregarles el volante para siempre.

Ejercicio 3 — Tu banda sonora consciente

Durante una semana, crea tres listas de música:

A

Música para levantar energía.

B

Música para sentir y liberar.

C

Música para entrar en calma.

No mezcles todo. No uses la música solo por costumbre. Observa el efecto. Prueba una canción al empezar la mañana. Otra antes de trabajar. Otra después de una conversación difícil. Otra para escribir. Otra para cerrar el día.

Tu sistema nervioso también aprende por asociación. Si cada día acompañas determinados gestos con música consciente, empiezas a construir rituales internos. Igual que hay alimentos que te sientan mejor o peor, hay canciones que te colocan en estados distintos. La madurez consiste en observarlo.

Ejercicio 4 — La pregunta transgeneracional

Este ejercicio no pretende hacer terapia familiar profunda ni sustituir a ningún profesional. Es solo una puerta de autoindagación.

Elige una canción que te conecte con tu familia, con tu tierra o con tu infancia. Después escribe:

¿A quién me recuerda esta música?

¿Qué historia familiar aparece?

¿Qué no se dijo en mi casa pero se sentía?

¿Qué emoción pude haber heredado sin saberlo?

¿Qué me gustaría agradecer a mis abuelos, a mis padres o a quienes vinieron antes?

¿Qué patrón quiero honrar sin repetir?

¿Qué parte del pasado quiero transformar en conciencia?

Yo, cuando escucho ciertas canciones de Fito, no escucho solo al artista. Escucho Gernika. Escucho vías. Escucho ferroviarios. Escucho a mi abuela. Escucho un diario. Escucho la vida que siguió después de las bombas. Cada persona tiene sus propias vías. La pregunta es: ¿cuáles son las tuyas?


Gracias, Fito

No sé si Fito llegará algún día a leer estas líneas. Si lo hace, espero que entienda que esto no es idolatría. Es gratitud.

Gracias por las canciones. Gracias por escribir desde lugares que otros hemos podido interpretar desde nuestra propia vida. Gracias por demostrar que uno puede cambiar sin traicionar su raíz. Gracias por hacer música con carretera, herida, humor, ternura y verdad.

Gracias también por esa frase de las vías, porque en mi caso no se quedó en una imagen poética. Entró en mi árbol familiar. Me llevó a mis abuelos ferroviarios. Me llevó a Gernika. Me llevó al diario de mi abuela. Me llevó a una conversación que algún día me gustaría terminar.

Y gracias porque, al final, eso es lo que hacen los grandes artistas: escriben desde su vida y abren puertas en la vida de los demás.

La música exalta el alma, como decía mi padre. Pero también la devuelve a casa. Y hay días en los que eso basta para volver a empezar.

Yo seguiré cantando en el coche. Seguiré llorando si una canción me toca. Seguiré bailando en casa. Seguiré escuchando música clásica cuando el momento pida calma. Seguiré buscando silencio cuando el alma necesite respirar. Seguiré proponiendo a mis lectores y alumnos que usen la música como una herramienta de conciencia, no como un ruido de fondo.

Profundiza en estas ideas

Si este artículo te ha resonado, puedes seguir explorando estas ideas en mis libros. En ellos comparto herramientas, experiencias y aprendizajes para pasar de la crisis al criterio y convertirte en tu propio maestro.

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Fuentes consultadas

  • Fito & Fitipaldis. «Fito Cabrales — Biografía». fitoyfitipaldis.com/fito-cabrales
  • Fito & Fitipaldis. «Los sueños locos». fitoyfitipaldis.com
  • Fito & Fitipaldis. «Aullidos Tour 25/26». fitoyfitipaldis.com — Aullidos Tour
  • Metalcry. «Fito & Fitipaldis arrasan en el WiZink Center de Madrid ante 33.000 personas». metalcry.com
  • Servimedia. «Muere el periodista musical Mariano García ('Disco Cross')». servimedia.es
  • Museo de la Paz de Gernika. «El bombardeo de Gernika». museodelapaz.eus
  • Spotify. «Cerca de las vías — Fito y Fitipaldis». open.spotify.com
  • YouTube oficial de Fito & Fitipaldis. «Los cuervos se lo pasan bien». youtube.com
  • El País. «Fito Cabrales se sincera en La Revuelta: yo no me drogo ni bebo ni fumo ni nada desde hace tiempo ya». elpais.com
  • Fancourt, D. y Finn, S. — OMS Europa. «What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being?» who.int
  • American Music Therapy Association. «What is Music Therapy?» musictherapy.org
  • Salimpoor, V. N. et al. «Anatomically distinct dopamine release during anticipation and experience of peak emotion to music». Nature Neuroscience, 2011. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21217764
  • de Witte, M. et al. «Music therapy for stress reduction: a systematic review and meta-analysis». Health Psychology Review, 2022. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33176590
  • Aitor Bidásolo. Web oficial — libros, coaching y enfoque «De la crisis al criterio». aitorbidasolo.com
  • Alegría-Torres, J. A. et al. «Epigenetics and lifestyle». Epigenomics, 2011. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/PMC3752894
  • Jiang, S. et al. «Epigenetic Modifications in Stress Response Genes Associated With Childhood Trauma». Frontiers in Psychiatry, 2019. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/PMC6857662
  • Nair, P. S. et al. «Music-listening regulates human microRNA expression». Epigenetics, 2020. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/PMC8078736